lunes, 16 de enero de 2012

Gracias a la televisión hoy leo más

Recuerdo como me gustaba acomodarme en el cálido sofá que acoge el salón de mi casa, para disfrutar de un espacio acompañado por la televisión, después de una jornada cargada de intenciones. Aquellos momentos que yo acariciaba con el ánimo de un depredador de espacios fáciles, se ha esfumado. Ya no disfruto de la compañía de la caja sonora que me relajaba con alguna película de época o de reciente estreno. Ni siquiera hay una crónica de actualidad que llevarse a los ojos con gusto…, o de la que tomar nota.

La proliferación de canales de los años pasados auguraba la oportunidad a la imaginación de unos y otros por competir a la mejor cadena, pero la realidad de todas ellas ha resultado abrumadoramente aburrida. Los géneros televisivos clásicos, como magacines, concursos, informativos, ficción, humor….se han diluido en la “telebasura”, copiando sus formatos, ya que ven en estos espacios una captación fácil de seguidores. Abundan los programas de “Realities” donde se cuecen conflictos de la vida privada los periodistas, de los “frikis”, y demás personal no identificado, ya que la gente se siente atraída por el morbo de sus historias y el resultado es rentable.

Suerte que, en la familia que habito, por más que somos nosotros y nuestros gustos , solo hay una televisión en la casa. Tiempo atrás aquella circunstancia me molestaba, y ahora me facilita la oportunidad de dedicar mi ocio a la música, la lectura o la pintura.

Por eso hago mía la célebre frase de G. Marx: “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”.

SILVIA CALLÍS - ensayo

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